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“Del álbum familiar”
“Yo estuve allí, llámame Ismael”
Moby Dick
En una rápida mirada, este pequeño grupo de fotografías que conforman la exposición de Andrés Toro puede provocarnos desconcierto, perplejidad o indiferencia.
¿Qué podrán significar estas imágenes decoloradas por el tiempo?, ¿Cuál es el origen de estos lugares teñidos de una luz antigua e inexplicable?
Si la poética visual de Toro se estructura en función de giros, torciones, juegos de sentido o mínimas intervenciones sobre la materia prima, en esta operación el artista fuerza los limites de la autoría copiando 7 fotografías que provienen de su propio album familiar, en una acción que se burla de la idea de originalidad y de talento personal que sustenta la definición de artista, obligándonos a revisar y volver a pensar nuestro propio criterio de autenticidad.
Estas tomas, sacadas por su padre treinta años atrás y ampliadas por el artista para esta exposición, parecen afirmar que no hay nada nuevo, salvo pasar por nuestra propia historia, como en un perpetuo dejá vu. Activando un proceso que engañosamente pretende limitarse a copiar como si todo ya hubiera sido hecho, en un mundo saturado de imágenes. ¿Son copias exactas? ¿Quien es el autor de estos trabajos?
Al copiar estos negativos rescatados del olvido, el artista reconstruye hoy, la imagen de un pasado espectral que da cuenta justamente de todo lo que la diferencia del momento en que fue tomada. Porque seguramente ese entorno familiar acogedor, capsula de bienestar que se muestra con satisfacción, ya no exista, como probablemente tampoco exista esa lejana ciudad de Nueva York que se registra desde una ventana o ese maravilloso bosque invernal en Michigan, retratado sin sofisticaciones técnicas.
Desde esta perspectiva, podemos situar este trabajo dentro del genero “retrato de familia” que ha constituido uno de los temas mas explorados por la fotografía desde sus inicios, presentadas como una herencia de la que el artista es parte mas que testigo.
Evidencias fragmentarias de una biografía que difícilmente nos permita la reconstrucción de su significado original.
Si abundantes relecturas del arte que se produce hoy, se apoyan en los trabajos de los “padres” de la fotografía para reinterpretar críticamente estos textos de autoridad, Andrés Toro relee literalmente el trabajo de su propio padre presentándolo como la puerta de acceso a una historia cargada de emotividad. Pero al mismo tiempo, como sucede en todo acto de memoria, esta selección de imágenes frente a nosotros forma una desencantada colección de destellos aislados que por momentos forman un espejo traumático y melancólico en el que reflejarnos.
Por
Fernando Brizuela |
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