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Los invisibles
Daniel Kiblisky presenta en esta muestra un conjunto de fotografías que reflejan una extensa recopilación de imágenes de trabajadores tomadas en diferentes puntos de Latinoamérica.
Este trabajo comenzó en el año 2000 a partir del registro de personas en pleno ejercicio de oficios en extinción y que luego devino en el propósito de retratar a aquellas que, por el carácter de los trabajos que realizan, permanentemente pasamos de largo. Con el beneficio del Subsidio a la Creación Artística Fondo Cultura de Buenos Aires, durante el año 2006 se dedicó a viajar por el continente y parte del material recolectado hoy integra esta muestra.
La intención primordial de esta serie de fotografías es reflejar la precarización del trabajo, pero lo hace a través de un discurso que es a la vez denuncia y homenaje: él “se debe”, en sus propias palabras, a aquellas personas que realizan tareas al lado de uno y para uno mientras nosotros la mayor parte de las veces ni los registramos. De esta manera, subyace en su trabajo un interés social, quienes realizan estas tareas son generalmente personas muy sacrificadas, pero no hay aquí un regodeo en las miserias humanas ni en la denuncia politizada de la explotación. Kiblisky restablece la dignidad del individuo al mostrar personas entregadas a su trabajo, su esfuerzo, los momentos de ocio del descanso, la satisfacción de la tarea cumplida.
La suya es una tarea de registro, sus escenas no son montadas sino que quienes aparecen en ellas ni siquiera se percatan en ese momento de estar siendo fotografiados. Son imágenes espontáneas que captura como al pasar. De todos modos, no es un momento efímero lo que él capta, sino más bien la belleza subyacente en toda rutina cotidiana, en cualquier momento del día. Sus fotografías son como instantáneas que congelan a la vez que expresan la calidez de la vida de una persona, que puede ser cualquier persona.
Este deseo particular de conservar la espontaneidad de la escena tiene su correspondencia a nivel técnico: todas las piezas presentadas son tomas directas sin intervención. La naturalidad de la imagen se mantiene en estado puro.
A nivel formal, estas fotografías se muestran impecables. Inicialmente fotógrafo autodidacta, al comenzar estudios especializados Kiblisky confirmó muchas de las técnicas que ya venía utilizando y por este motivo atribuye la construcción de su mirada a algo que va más allá de la formación técnica, que viene de sus experiencias de vida y su sensibilidad.
Y es que mucho más que en otros lenguajes artísticos, en la fotografía se revela la mirada del artista: la cámara capta lo que ven sus ojos. Y la de Daniel Kiblisky es una mirada sensible, se ve en cada una de sus tomas. Una sensibilidad hacia el otro, ese homenaje rendido a través de pequeñas maniobras, como ser la ubicación en el plano, el retrato del gesto, el clima… La mirada de este fotógrafo resulta una mirada respetuosa hacia al otro.
Según Daniel, esta muestra viene a cerrar un ciclo, el de su trabajo centrado en torno al tema de los trabajadores. En una primera muestra, realizada en el espacio Sonoridad Amarilla (2003), exhibió fotos, centradas en el tema de los oficios en extinción, cada una flanqueada a ambos costados por paisajes del lugar del retratado. En la segunda exposición se mostraron, en el Centro Cultural Recoleta (2004), fotografías de trabajadores en torno a la ancianidad. Esta tercera muestra ofrece piezas que revelan el desplazamiento de su interés a lo largo de estos años de trabajo: se vuelca a situaciones más urbanas, más cercanas. Ya no tan exóticas o pintorescas sino más cotidianas, revelando de esta manera la belleza en el caos de la gran ciudad.
La evolución se ve también a nivel formal: el entorno del retratado se incorpora a la misma fotografía. Así sea por los colores, lo esquemático, por el encuadre, el mismo espacio en que se retrata a la persona se integra a la figura y tiene su propia belleza.
En otra sala, presenta trabajos de su otra serie, la de los paisajes. Serie que desarrolla en paralelo a la de los trabajadores y en la que las imágenes de diferentes lugares demuestran una intención por revelar momentos de belleza que espontáneamente registró a lo largo de sus viajes (porque además de todo es un viajante incansable).
Por todo esto Daniel Kiblisky nos ofrece en sus fotografías, tanto en aquellas de los trabajadores como en los paisajes, esa belleza que capta a través de su sensibilidad y que al resto se nos escapa porque, como escribió Valéry, el artista (aunque Daniel reniegue de esta palabra para definirse como fotógrafo a secas) es aquél que encuentra relaciones de las que el resto no nos percatamos entre las diferentes cosas del universo que nos rodea. Y ese universo, cada vez más cerca, es el que Kiblisky nos devuelve en sus fotografías. La sensibilidad de un mundo y sus habitantes que es invisible a nuestros ojos.
Florencia Sabá.
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