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La fotografía en un contexto social
Thun, Suiza. Marzo 2003

Para Gian Paolo Minelli mirar a través del visor de su cámara significa ver potenciales lugares estéticos donde no los hay. Ya sea en Chiasso por la noche, cerca de la ruta atravesando por St. Gotthard, uno de los túneles alpinos más frecuentados en Suiza, en Buenos Aires en barrios socialmente poco privilegiados como "Piedra Buena", o en una prisión como en la serie reciente de fotografías "Cárcel de Caseros"; nada impide que Minelli tome fotografías de lugares que la mayoría de la gente preferiría evitar, y todavía logra extraer de ellas una serena belleza.

Mientras sus primeras fotografías eran exclusivamente en blanco y negro, las más recientes se destacan por su colorido brillante. El artista es un experto en poner en escena lugares poco espectaculares. Sabe como elegir justo el detalle, la mirada dentro del todo con el mayor potencial narrativo. Es cierto que sus fotografías deben ser leídas desde una crítica perspectiva social, tratar solo con los aspectos estéticos de sus obras sería perderse la mitad del asunto. Las fotografías denuncian el estado de deterioro de las relaciones sociales, el problema habitual de olvidar, así como el sentimiento profundo de la negación. Por medio del registro fotográfico se interrumpe el sostenido proceso de decadencia, aunque sea por un instante. Destinos individuales son singularizados y presentados en un escenario para un público, y a pesar de eso, uno no se siente embargado por ningún sentimiento de voyeurismo superficial. Minelli se aproxima a sus modelos cuidadosamente, ya sean estos personas o edificios. Un observador sereno, que opera en la intersección de lo socialmente aceptado y lo socialmente excluído y se cuestiona estos problemas desde un punto de vista histórico y/o social. Le gusta moverse en los abismos de la sociedad para así, literalmente, sacarlos a la luz.

Sin embargo, nunca acusa, exhibe. Cuando busca sus temas, lo hace durante largos períodos de tiempo antes de cambiar a uno nuevo, recolecta material e investiga hasta que finalmente se revela una serie completa que da cuenta de su trabajo.

La figura humana rara vez aparece en sus obras, solamente como meros restos de existencia. Teniendo esto en cuenta, sus Autorretratos parecen adquirir una especial importancia. Es obvio que nos enfrentamos con los propios autorretratos del artista. Trasciende el marco.

Minelli vaga por las inmediaciones de Buenos Aires, por una parte conocida como "Barrio Piedra Buena", a la búsqueda de rasgos particulares de la arquitectura. Después de encontrar un lugar apropiado le pregunta a los habitantes si les gustaría posar para una foto. Les permite posar como deseen en el escenario elegido por Minelli. Tanto miembros de grupos socialmente marginados, como jóvenes y niños son inmortalizados en su propio entorno.

Las fotografías están invadidas de un increíble sentido de la intensidad vital. A pesar de la pintura descascarada y de las paredes de cemento de los edificios que muestran innumerables grietas y roturas, se pueden observar signos de vida en todas partes. Cortinas onduladas, ropas colgando de la soga para secarse o macetas que han sido cultivadas y cuidadas con mucho amor. Como una suerte de extensión del escenario, Minelli siempre agrega a sus Autorretratos una o dos fotografías de arquitecturas exclusivamente, convirtiéndolos en dípticos o trípticos. De esta forma, entra, siente el pulso de este barrio y por medio de su sintético lenguaje artístico comunica al espectador la orientación existencial del lugar.

Sus últimas series, también tema de esta publicación, se originaron en Buenos Aires. Las cárceles han generado siempre una ambigua fascinación. Por un lado representan un lugar misterioso e inaccesible donde las personas con un pasado criminal cumplen su sentencia y que, en consecuencia, uno nunca querría visitar, pero por el otro lado, ellas representan una suerte de fruta prohibida hacia la cual uno se siente inexplicablemente atraído. Además, en tiempos de dictadura se transformaron en lugares donde se ponían en juego intereses mancomunados de   pensadores disidentes1 .   Es más, aislando del mundo a sus reclusos y robándoles toda posibilidad de comentario crítico, las cárceles se convirtieron en nichos de resistencia colectiva, y posibles lugares para sembrar las semillas de un futuro gobierno. Argentina también conoció tiempos de dictadura y represión y la Cárcel de Caseros, en el centro de la capital, asumió un status muy particular.

Hoy el inmenso edificio está vacío. Sólo unas pocas reliquias de quienes algunas vez lo habitaron, permanecen. Pero son exactamente estas reliquias, dibujos en la pared o intervenciones en la estructura espacial del edificio, las que el artista ha perseguido y registrado fotográficamente. Sogas para colgar trapos, de modo que uno puede tener a pesar de todo, una suerte de intimidad dentro de las paredes de la prisión, boquetes a través de los cuales los prisioneros se comunicaban unos con otros, un coliseo que se erige por sobre los techos de Buenos Aires, donde deben haber tenido lugar numerosas disputas en cautiverio. Incluso hoy, el mórbido encanto del edificio y sus numerosas historias y luchas individuales atraen y repelen al mismo tiempo. Minelli se acerca al edificio vacío con respeto y discreción y así les devuelve a los antiguos presos algo de su dignidad perdida. Una vez más, Minelli profundiza la relación entre la historia, la realidad actual y una estética abarcadora.

Por Bernhard Bischoff

Traducción: Teresa Riccardi y Gabriela Galatti, Buenos Aires