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Un fotógrafo nómada y ecléptico:

Son conocidas las opiniones de Charles Baudelaire sobre la fotografía, las expresó sin sutilezas en la crítica del Salón de 1859. Allí mostraba su sospecha de que la nueva “maravilla” era una amenaza para la pintura. “Si se permite a la fotografía suplir al arte en alguna de sus funciones –escribió-, bien pronto lo habrá suplantado o corrompido por completo, gracias a la alianza natural que encontrará en la estupidez de la multitud. [...] Es pues preciso que vuelva a su verdadero deber, que es el de servir como criada a las ciencias y a las artes”.

Sin embargo, Gustave Flaubert, en su Dictionnaire des idées reçues, escrito entre 1850 y 1880, denunciaba la banalidad de esa opinión, ya aceptada, según la cual la fotografía “destronará a la pintura”. Las opiniones fueron muchas y variadas, pero pocos dudaban de que su “infiltración” fuera una amenaza para todas las “escuelas” de pintura. Lo señaló el crítico Frédéric Henriet al denunciar la similitud que había entre los cuadros de casi todos los expositores del Salón por la procedencia “mecánica” de las imágenes.
No hay dudas de que la fotografía, en la forma que se la utilizó durante casi un siglo y medio, no provocó la catástrofe anunciada por los críticos. Pero en 1972, en la Documenta V de Kassel, que tenía como título Cuestionamiento de la realidad: Mundos visuales hoy, se advirtió que lo más importante en esa megamuestra era la presencia múltiple de la fotografía. Desde entonces se la consideró como un medio artístico a la par de los otros.

Paolo Campochiaro, quien se reconoce a sí mismo como un fotógrafo ecléctico, nómada y sin intereses esteticistas ni documentales, proviene de la vertiente posterior a la Documenta de 1972. Comenzó a exponer sus trabajos en 1988 en Rosario, luego se presentó en Buenos Aires, Montevideo, Madrid, San Petersburgo, Rótterdam, etcétera. Desde 2001 reside en París.

Las fotografías que exhibe en esta oportunidad fueron realizadas entre 2005 y 2006 en Berlín, París, Londres, La Habana, Lisboa y Buenos Aires. Corresponden a las series en las que ordena sus trabajos (Forms in Black and White, Shapes in Colors, Contradictions). Los temas y las características formales de las obras son, de acuerdo con sus criterios, muy vastos y diversos. Según sus propias palabras, están dedicadas a “personajes en situaciones raras, o imágenes de arquitectura que me han llamado la atención por su emplazamiento en el espacio, así como a la fotografía abstracta y geométrica en color o blanco y negro”.
Campochiaro no considera sus trabajos como obras de arte, las concibe como “fotos”; se niega a la estetización. Como señalaba Jean Baudrillard, cree que la fotografía “viene de otro lado [no de la pintura] y allí debe quedarse”. Su tradición es otra. Está muy lejos de suponer, como lo estimaba Rudolph Arnheim, que “el fotógrafo puede elegir la vía de transfigurar lo ordinario en lo elevado por la magia de la luz […]. Puede utilizar los trucos de la óptica y de la química […]”.

En definitiva, Paolo Campochiaro no pretende llevar la fotografía al campo del arte, ni identifica la fotografía con el arte. Aún así, no deja someter las escenas u objetos fotografiados a una composición subjetivamente ajustada a la representación.

por Jorge López Anaya